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Entre la diversa fauna humana que tanto me divierte observar, existe un espécimen del que rara vez se habla, tal vez porque no es ni demasiado bueno ni demasiado canalla. No resulta molesto para la gran mayoría de las personas y algunos ni siquiera reparan en su forma de actuar. En otras palabras, ni fu ni fa, ni carne ni pescado y, sin embargo yo he descubierto que son una fuente de información muy útil en la vida. Son los que yo llamo “personas termómetro” y observarlos resulta eficaz para conocer lo que piensa sobre los más diversos temas el 90 por ciento de la gente. Se trata de personas que, a falta de criterio y de ideas propias, tienen el raro don de saber captar de inmediato el sentir de la mayoría y actuar en consecuencia. Una persona termómetro, por ejemplo, carece de la inteligencia para saber si fulano tiene talento o es un perfecto zote. Tampoco tiene sensibilidad para saber si un libro o una película es una obra de arte. Ni siquiera tiene el buen gusto que requiere discernir si un artista, pintor, músico, decorador, cocinero etcétera, es un genio o un bluf. Y mucho menos tiene criterio para determinar si un político es la gran esperanza blanca o la gran catástrofe. Sin embargo, posee un finísimo olfato que le permite descubrir antes que nadie qué es lo que gustará a la enorme mayoría, algo que, como bien sabemos, se ha convertido en sinónimo de excelencia. Porque si antes el talento se medía por otros cánones más sofisticados, hoy lo que tiene más éxito es lo mejor, punto pelota. Y para detectar precozmente por dónde van los gustos de la mayoría, nada mejor que las personas termómetro, porque tienen eso tan útil que podríamos llamar el don de la obviedad. Así, por ejemplo, nada más salir El orfanato o La catedral del mar se dan cuenta de que es (sic) una obra maestra, vaya ojo. Yo no tengo la suerte de ser una persona termómetro. Al contrario, lo que me gusta no parece gustarle a casi nadie. Con decirles que cada vez que me engancho a un programa de tele, a un sabor determinado de yogur o a una marca de lápiz de labios a los pocos meses desaparece del mercado… Y lo mismo me ocurre con los libros o con las pelis que me interesan. Yo, como gurú del marketing o del mundo editorial o cultural me moriría hambre, seguro. Por eso me fijo tanto y con tanta fascinación en las personas termómetro. Además, por si fuera poco, estos ciudadanos sirven para verificar cómo nos ve a nosotros la gran mayoría de las personas. Les pondré un ejemplo, tengo un “amigo”, digamos que se llama Pepe, que me es muy útil para comprobar cómo estoy de popularidad. Si me encuentro con Pepe en un lugar público y atraviesa media sala para saludarme y decirme que le ha chiflado mi último artículo, ya sé que mi anterior “Pequeña infamia” ha gustado en general. En cambio, si no se acerca y cuando por fin nos damos de bruces dice “Uy, hola, no te había visto” o peor aún “Uy, te veo demasiado delgada” ya sé lo que significa. Frase a) mi cotización social está por los suelos; frase b) estoy feísima y más vale que haga algo al respecto. Y lo que dicen estas personas es para tener muy en cuenta porque ellas no se guían por razones personales. No les mueve la envidia ni el resentimiento, ni si les caemos bien o mal. Como ya digo, no tienen criterio; son, simplemente, transmisores perfectos del sentir general, de ahí su utilidad. A mí me recuerdan mucho a esos indios sioux que con solo pegar la oreja a la tierra ya sabían de dónde venía la estampida, cuántos búfalos eran en total y cuánto tardarían en llegar. Por eso desde aquí mi homenaje. Yo no tengo su talento pero sí sé detectarlos y escuchar lo que dicen y valorar lo que piensan. Tal vez no sean los más inteligentes, ni los más sensibles, tampoco los de mejor gusto ni los más bondadosos, pero saben perfectamente bien por dónde van los tiros. Y en este mundo de gustos, criterios y opiniones caprichosos y absurdos en el que vivimos ¿acaso no es una cualidad admirable? |
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Ángel - 15/01/2009
También las personas termómetro se equivocan y yerran en alguna ocasión, arrastrando consigo la opinión de esas grandes mayorías de avispados emprendedores, que en lugar de poner la oreja -como los indios soux- en el suelo, la ponen en la pared del vecino, no acertando a comprender muy bien lo que escuchan, pero, acto seguido, siguen sus instrucciones creyendo haber descubierto el elixir de la felicidad. Sonríen al mirar la television, creyendo haber encontrado la fórmula que les hará casi perfectos, casi seguros y casi nadie se dará cuenta de ello, ni tendrán oportunidad de demostrarlo.
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alexander - 04/10/2008
ues esa clase de amistades no interesan yo diria que son falsas e hipocritas y como estamos en una sociedad idem pues las hay hay esto yo para seleccionar a la gente y como dice un refran muy español-mas vale sola que mal acompañada-los amigos de verdad te defienden te van a la farmacia cuando tienes un gripazo total te traen libros que saben que te gustan se te adelantan para pagar el cafe ¡que detalle¡ yo tambien me adelanto antes que el se adelante no veas que lio pero es asi encima que le tienes de psicologo gratis total que menos de agradecerselo con un detallito u reloj una pulsera un cafe una copa gigante de helado eso engorda que no veas no ........ que paso de gente frivola es lo que quiero decir que van de dolce-gabanna carolina herrera chanel marimarcas las llamo yo pero no tienen un fondo humano bueno dinero dinero dinero no se si me entienden nada personas que no te aportan nada out a otra cosa mariposa cordiales saludos a los visitantes de la pag webb de carmen posadas
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acabáramos - 13/05/2008
Pues ud. señora, ni frio ni calor. Pero me ha dado la oportunidad de ver que entre lo más florido de la burguesía acomodada, aún quedan muchos rebeldes que nadan contracorriente.
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ISOLINA MENDEZ - 10/05/2008
Esta característica DE " TEMÓMETRO " tal vez sea una cualidad admirable en un mundo superficial y banal, donde impera la moda en todos los niveles, y donde algunos malgastan el tiempo imitando todo lo que consideran de " avanzada y novedoso", sin detenerse un minuto para ser creativos y originales.
Afortunadamente hay otros/as a quienes no les importa " estar en la onda " y se atreven a enfrentar opiniones diversas, se salen con la suya y son " ellos mismos". Estos últimos son los que luego serán imitados.
La felicito, usted es dueña de un estilo propio y ejemplar, que seguramente muchos querrían imitar, pero afortunafamente , les resultará muy difícil.
Por suerte, usted no es un termómetro, no en el sentido que ud. señala, por lo menos, aunque yo la considero una testigo- registro de su época, capaz de mostrar que las altas temperaturas,lejos de matar ( en el plano intelectual) nos ayudan a comprender mejor y a dignificar nuestra condición humana.
la saludo con todo cariño y admiración.
ISOLINA MÉNDEZ
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susana - 05/05/2008
Te comprendo muy bien. Yo también tengo esa mala costumbre de preferir las cosas y las actitudes que ya no le gustan a nadie. Soy políticamente incorrecta y siempre voy a contracorriente. No admiro a las personas termómetro. Creo que tiene mucho peligro una sociedad donde la gente no tiene criterio propio. Un saludo.
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Ana Dácil - 01/05/2008
Querida Carmen,
Más que el hombre termómetro yo hablaría también de la sociedad termómetro. Si no estás consolidado en tu profesión, arte u oficio es fundamental contar con la anuencia de la generalidad. Y ahí juegan un papel primordial todos los que se encargan de la promoción de personajes: qué poder tienen! Todo ello alentado, además, por el afán de conseguir dinero fácil, el culto a la imagen (Cómo tienen la poca vergüenza de vendernos una crema que promete quitar las arrugas, o
maquillaje, no lo sé, si quién la publicita es una señora que dedica su vida exclusivamente al cuidado de su cuerpo y a aliviar la economía a los cirujanos plásticos? Que conste que estoy absolutamente a favor de este tipo de cirujía, eh, lo que no me gusta es que se emita publicidad engañosa, es intolerable)
En fin, gracias a personas como tú, que has sabido salir del compartimento estanco en el que han pretendido encuadrarte, y que además fometas la crítica y sobre todo la inteligencia, las personas que trabajamos por perseguir un sueño alcanzaremos nuestro reconocimiento. Un abrazo desde Canarias.
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Deneuve - 29/04/2008
Estoy de acuerdo contigo Antonio. La cotización social y profesional depende sólo y exclusivamente de los gabinetes de prensa. Que se lo digan a Zafón con su millón de "mismoismos", sus tres novelas igualitas y su millón de personas termómetro desvalijando e incitando a desvalijar las librerías de este país. Ya sabes lo que nos gusta la ley del mínimo esfuerzo. Así que después de esta noticia, y de esta ratonera “zafoniana” en que se ha convertido mi ciudad, estoy más contenta que nunca de que todo el mundo piense que soy una mujer fría y de criterio inalterable que parece no sentir ni frío ni calor por nadie.
Saludos cordiales
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antonio escribano escobar - 29/04/2008
Simplemente, depende de la opinión, fundada o imprudente del portavoz mediático y del grupo de presión que lo patrocine o financie. Si el medidor de la fama (res publica o noticia) te ensalza o te fustiga así será tu cotización en la bolsa profesional, artística o política. No importará la valía o el acierto, la cultura, la ciencia o el prestigio, sí quien y cómo lleve a cabo la crítica o evaluación favorable o contraria.
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