Carmen Posadas
   
 
articulos de Carmen Posadas
Lo quiero y lo quiero YA

Me gusta por estas fechas dedicar un artículo a esos abnegados padres que durante el verano se devanan los sesos para hacer de las vacaciones de sus hijos un perpetuo parque temático: piragüismo por la mañana, mountain bike a medio día y por la tarde claqué, submarinismo, trekking, parapenting, puenting y así hasta la extenuación del hijo y no digamos de sus padres. Como ya no tengo hijos en edad de entretener y mi nieto es aún muy pequeño como para que yo también me vuelva igual de gagá, observo a estos heroicos progenitores con una mezcla de admiración y perplejidad. Creo que son víctimas de lo que podríamos llamar el síndrome del superpapá y que consiste, (elemental, querido Freud) en hacer con sus hijos lo que hubieran querido que sus padres hicieran con ellos. Y eso, en apariencia, suena correcto pero a poco que uno reflexione no resiste ni un primer análisis. ¿Qué queríamos nosotros de niños? Pasarlo bien, no pegar ni chapa y, por sobre todo, librarnos de aquella terrible disciplina paterna que nos llevaba más tiesos que una vela. De ahí que los niños ahora tengan que estar todo el día divirtiéndose como en un agotador baile de san Vito y en vez de disciplina lo que hay es “coleguismo” con el nene porque “ yo no soy su padre sino su mejor amigo”. Como ya les he contado alguna vez, mi opinión sobre este asunto del colegueo (cuando uno se quiere dar cuenta, el niño-colega se le ha convertido en un delincuente juvenil) hablemos de otro aspecto del problema. Es muy loable intentar dar a los hijos lo que nosotros no tuvimos de pequeños pero según y cómo. En realidad, con esa sobredosis de entretenimientos de la que antes hablaba lo único que se consigue es que el niño se convierta en un yonqui de sensaciones.

Cuando se obtiene fácilmente una cosa, automáticamente se quiere otra distinta y luego otra y otra, porque la vida moderna con su necesidad de gratificación inmediata ha erradicado de nuestras vidas el anhelo, el deseo. ¿Cómo? –dirán ustedes–, si el verbo que más se conjuga hoy es “querer” y siempre en su modo imperativo y en primera persona del singular. Cierto, pero he ahí una curiosa paradoja de este mundo autocomplaciente en el que vivimos. En estos tiempos, a un deseo no lo sigue la lógica satisfacción de haberlo alcanzado sino que lo sucede otro deseo, de modo que, cuando el nene ha logrado que le compren un quad lo que quiere es hacer piragüismo y cuando lleva cinco minutos en la piragua lo que quiere es cruzar un abismo en tirolina y cuando ya lo ha hecho lo que se le antoja es la wii y así hasta el agotamiento del padre y, sobre todo, de su exangüe bolsillo. Y es que el ser humano es tan contradictorio, y a la vez tan maravillosamente simple, que cuando nada tiene disfruta enormemente imaginando que un palo de escoba en un caballo y unas chapas de refresco un bólido de fórmula uno. En cambio, cuando tiene un caballo o una carísima réplica de un fórmula uno, sólo disfruta deseando otra cosa que, a su vez, dejará de interesarle en cuanto posea. Por eso yo a esos padres que se desviven por complacer a sus hijos les diría que paren el carro. Y sobre todo que miren atrás pero sin ira.

Es posible que muchos hayan sido víctimas de una educación castrante y de ese refrán que sentencia que “cuando seas padre comerás huevos”, pero erradicar todo lo que fue nuestra educación es bastante estúpido. Está bien ser enrollado y planear cosas divertidas, pero también lo es fomentar el merecimiento. Nosotros, los niños de otras épocas con más penurias, teníamos que trabajar duro para conseguir lo que queríamos. No bastaba con desear una bici para que ésta, abracadabra, se materializara. Había que sacar buenas notas durante un año y ayudar en casa todos los días, por ejemplo. Si bien hay quien piensa que esta es una visión mercantilista o chantajista de la relación padres-hijos, yo creo todo lo contrario. Para mí fomentar el deseo y el merecimiento es la mejor forma de educar porque aquello que hemos deseado mucho y por fin merecemos es mucho más apreciado (y por tanto produce más felicidad) que lo que se tiene porque sí. He ahí la gran paradoja de tener o no tener.

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  Comentarios
Maite - 01/07/2010
Me ha gustado mucho este artículo, sobre todo porque creo que es un reflejo de lo que pasa. Parece que ahora los niños solo tienen derechos que aprenden en la escuela, pero no deberes. Tampoco ayuda mucho la televisión, en la que en Disney Chanel, por ejemplo, se ven series donde los protagonistas se intentan librar de sus deberes, y siempre terminan contentos, o donde ya de por sí son ídolos que no han tenido que hacer ningún esfuerzo y tienen de todo. También los programas donde aparecen jóvenes sin otro esfuerzo que el haberse metido en algún "escándalo" por haber participado en realitys anteriormente, y a los que se les ofrecen salarios que los que hemos tenido la educación anterior, más disciplinada, y nos hemos ganado a pulso los títulos acacémicos, no los vemos en un año. ¿Qué se saca de todo esto? Llama la atención sin pegar sello, te harás rico, y el esfuerzo no merece la pena.

Por cierto, señora Carmen Posadas, no imaginé nunca que pudiera ser abuela con lo joven que es. tampoco entiendo como he leído en algunos artículos que su autoestima no sea elevada. La mía tampoco lo es a pesar de ser culta, según dicen valiente, haber salido de situaciones muy agotadoras y difíciles airosa y de tener un aspecto agradable. No creo que lea estos comentarios por falta de tiempo, pero me encantaría saber a qué puede deberse esto. Gracias y felicidades por todo lo que escribe, la elegancia de sus palabras y argumentación de los artículos y por darnos temas en qué pensar.
Pedro Rodríguez Pinilla - 21/10/2008
-¡Joooo... papá, pues los padres de mis amigas...!
-Por suerte o por desgracia, en tu familia se hacen las cosas así. Y, que conste, creo que es por suerte-le contesto.

Mi adolescente hija lleva reclamando un ordenador desde hace dos años.Ella no sabe que que le viene para Reyes.
Le digo que los contenidos de consulta que necesita, además de en internet, los tiene en la enciclopedia de nuestra humilde biblioteca familiar. Además existe acceso público y gratuíto a internet en la Bibioteca Municipal.

Resumiendo que recibirá el portátil tras dos años de "desearlo" y en Reyes (también podría haber sido por el cumpleaños).

Estoy de acuerdo contigo, Carmela, sobre lo pernicioso de los padres y los profesores-colega.
Javier - 13/10/2008
Hola Carmen. Te trato con familiaridad aunque no me conozcas de nada, pero yo sí tengo el gusto de conocerte a través de tus escritos y reflexiones...
Así de pasadilla te diré que hay mucha confusión de maestros, padres y alumnos, entendiendo mal los conceptos de educación y disciplina-por ej-
Cuando venimos al mundo somos como una esponja o un disco duro muy sofisticado de altísima tecnología-En eso Dios lo hizo bastante bien- y con unas capacidades de aprender enormes. Por lo tanto en el fracaso escolar y educativo fallan: el sistema educativo y sus graciosos ministros que caprichosamente y al baibén de la política diseñan Su plan. Fallan los profesores, a veces auténticos analfabetos y fallamos los padres. Sí, me incluyo, por que siempre lo podría hacer mejor.
A mi en el Colegio y desde muy pequeño mis profesores me trataban de Ud. al igual que yó a ellos.Solo eso para empezar ya marcaba una buena sintonia. Sus padres me han confiado su educación y para eso me pagan y yo trataré de cumplir bien mi missión y Ud. Sr. Iraeta deberá seguir mis instrucciones y esforzarse.
Fijate que sencillo.
Hoy confunden los profesores autoridad con autoritarismo. les tutean y ningunean como si fueran entes inferiores a su servicio y les demandan un respeto que no han sabido merecerse
Aunque lo lea todo el mundo aprovecho para decirte que tú siempre serán bella, por fuera y por dentro.
Paris - 12/10/2008
Carmen, totalmente de acuerdo, incluso se puede llegar a más. Te explico, cuando ponemos tantos medios al alcance de alguien, ya sea niño, amigo, compañero...mermamos la imaginación de esa persona, no le damos lugar a que busque entre sus posibles inquietudes cuál puede ser una futura afición. Creo que debemos dejar ESPACIO a quienes tenemos delante hasta que llegue a aburrirse, porque para escapar del aburrimiento hay que poner medios y es entonces cuando "florece" la creatividad. De nuevo, me ha encantado tu artículo
Ángel - 11/10/2008
Ni autoritarismo ni permisividad. Una buena educación es aquella que persigue la autonomía de las personas y la que posibilita una sociedad más humana. Una tarea, la de educar, que se debe entender «como inversión de futuro» y que recae tanto en los padres como en los profesores y en el sistema educativo.
El niño rey es casi peor que el obediente. Porque de un autoritarismo se puede salir: uno se rebela y se escapa. Alguien sobreprotegido, consentido sale de muy mala manera. Lo que pasa es que del tipo autoritario antiguo se pasó a la pedagogía del amor: que todo sea amor, que el niño no sufra porque la vida es dura. Los padres quieren ser casi colegas y amigos de los hijos. Y ahora se están recogiendo los efectos de eso, que están siendo catastróficos, porque esos hijos son unos tiranos con sus padres. Ese tipo de educación se vuelve contra ellos y ahí están todas esas situaciones de las que se habla, como de agresiones incluso a sus padres, que tienen que pedir ayuda para que les libren de los hijos, etcétera. El peligro es que ahora están diciendo que hay que volver otra vez al sistema antiguo, al azote a su tiempo... Parece que no hay manera de entender que ni lo uno ni lo otro son lo más apropiado.
Lola Gracia - 11/10/2008
Ufff--exclama una madre de un niño de casi cinco años...

Mi educación fue castrante pero me tengo por una madre algo ausente y exigente...todo a la vez. Es difícil negarle alg al niño de tus ojos..pero en ocasiones no queda más remedio si no queremos hacer pequeños tiranos..Difícil, pero no imposible.
Tras el conflicto, el niño vuelve a estar encantador.
Un placer, como siempre Carme, pasarme por aquí.
susana - 02/10/2008
Los padres que actúan así no se dan cuenta de que están privando a sus hijos de la posibilidad de ser felices a largo plazo. Porque la alegría que da un capricho conseguido es algo muy efímero que deja detrás un vacío, mientras que la felicidad que otorga algo que te ha costado conseguir, algo por lo que llevas tiempo trabajando, dura por siempre. Una persona que basa su vida en adquirir productos es un eterno insatisfecho, y esa personalidad se va fraguando en la niñez, de lo cual los padres son los primeros responsables. Me preocupa la juventud de mañana. Gracias por difundir este mensaje desde sus artículos. Un saludo.
www. sigoacontracorriente.blogia.com
Adolfo Sánchez Sánchez - 01/10/2008
Carmen, soy Adolfo un amigo y admirador, que ha hecho comentarios sobre tus artículos y al que, amablemente has contestado. Te diré que, no solo, concuerdo en todo contigo en este artículo, es que odio a esos padres 'excesivos', no educan a sus hijos, quieres niños superdotados. Seguro que les miran hasta el 'pito', por si van bien servidos y si no hacer algo para que les crezca más, para esos padres, el tamaño si es importante, sin fijarse ni en ellos mismos.
Estando creando mentes calenturientas, llenas de todo, no saben disfrutar de nada. Son como la lista de los 40 principales de hoy en día que cada 5 minutos cambia. En mis tiempos, había canciones que duraban meses entre las 10 primeras y no es que no hubiera producción es que las mentes estaban mejor amuebladas.
Te agradezco esta página web que mandas a mi correo y con ello poder contestarte directamente, sin intermediarios.
Un beso Carmen y no puedo evitar decir. QUÉ SIGAS TAN GUAPA Y AGRADABLE!
Greffier - 01/10/2008
Cuanto más se tiene más se quiere, cuando se posee ya no apetece, deja de ser interesante o incluso aburre. La necesidad es la sensación de carencia unida al deso de su satisfacción. Cuando la prole se vuelve tan consumista y déspota nunca comprenderá el esfuerzo personal, cotidiano. En el ámbito docente, escolar y académico, a nadie se le regala nada, todo requiere un esfuerzo, un sacrificio, estudio, voluntad, tesón, renuncia a otros menesteres. Si se obtiene todo simplemente por pedirlo e incluso exigirlo, se maleduca, se complace. Los progenitores a veces tratan de suplir sus frustraciones y deficiencias económicas o lúdicas, regalando a sus hijos aquello que ansiaban y que nunca pudieron adquirir. Escala de valores, premio al esfuerzo o recompensa al mérito, retribución del e´xito académico. Como el automóvil quizás sea un remedo socioeconómico de otros vacíos.
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